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martes, 1 de julio de 2008

¿y si el otro "yo" me pone de los nervios?

EL GRITO
Edvard Munt
Este pintor y grabador noruego plasmó en este cuadro todo el conflicto interior y la angustia que sentía

Cartas que nunca escribí publicó el viernes pasado un precioso relato, humano, sencillo y sincero, y tambien conmovedor, sobre una parte de su yo que es una parte de todos nuestros yoes, que creo que merece la pena leer porque expresa magistralmente los conflictos que puede causar ese otro yo que sufre, que se indigna, que siente miedo o siente repugnancia, que grita y se retuerce ante la pérdida moral o material, que huye o ataca ante el miedo, que vive pegadito, en la oscuridad total del cerebro, al otro, al que interpreta, al que se hace preguntas, al que razona, al que lo explica todo, a veces bien y a veces no tan bien.

¿Amado otro yo?
dice el relato, no creo merezcas mucho hoy, ese amor que alguna vez si, te he profesado.

Es el yo de las emociones que se describe aqui. El de la supervivencia, un yo necesario al que es mejor conocer bien, educarlo y gestionarlo como si fuera nuestro propio hijo para que su comportamiento no nos duela. Un yo irracional e instintivo, un gran desconocido con frecuencia, que lo mismo odia que ama profundamente a quien debe y a quien no debe. Es el yo de las emociones más bellas y el yo de las más destructivas. El que pelea con toda su energía, el que llegaría a dar su vida por salvar la de un ser querido en peligro sin apenas pensar en sí mismo. Un yo primitivo que interpreta lo que ve en décimas de segundo, pero tambien lo que cree ver y ¡salta inesperadamente! Arrasa con todo, incluso ataca a quien más amamos. Reacciona al instante para salvarse, con amor o con ira, con miedo o con asco, a la espera de que el yo racional explique realmente lo que esté pasando cuando el instante crucial haya pasado.

Ese yo no huye de la realidad, de lo que está pasando, pero a veces la malinterpreta, odia y ataca o se paraliza de miedo cuando no hay peligro inminente o siente repugnancia cuando no hay nada alrededor que lo envenene.
ACTUALIZACIÓN:
Un bonito relato escrito por Duende complementa muy bien la trilogía iniciada por
Cartas que nunca escribí y ayuda bastante a comprender esas "salidas inesperadas del otro "yo".

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domingo, 18 de mayo de 2008

Huir sentado si es huir

"Cada uno de nosotros es responsable de todos los demás"

Es una frase de Dostoyevski que invita a la reflexión y la imagen de la famosa píramide de las necesidades humanas de Abraham Maslow viene a confirmarla en todo su significado. No estaría de más que formara parte de la educación de los niños, reeditada y al alcance de su comprensión, porque si bien los primeros escalones son obvios y resulta fácil indentificar la carencia cuando llegamos a los últimos dos tramos caben las interpretaciones y la cosa se complica un poco si nos lo aplicamos a nosotros mismos.

A menos que tuviéramos siempre delante un espejo en el que vernos cuando interactuamos con los demás es bastante difícil estar conscientes de la imagen que estamos dando si no podemos ver la forma en que miramos ni estamos continuamente escuchando el tono de voz que empleamos, ni nos damos cuenta de nuestro modo de caminar.

Todo esto puede resultar profundamente irritante para otras personas y cuando hay confianza es fácil que nos recriminen por estos actos involuntarios, por ese lenguaje corporal. "No me hables así" "no pongas esa cara", "no arrastres los pies, "no hagas eso", o aquello o lo otro, son comentarios, aparentemente banales, que pueden hacernos sentir extremadamente incómodos, incluso herirnos, porque frente a la opinión de otros nuestro comportamiento parece ser inadecuado y sentirse inadecuado es una sensación desagradable que cuanto menos puede causar frustración incluso a veces hostilidad manifiesta. En esta y en otras situaciones parecidas salta el conflicto. Para resolverlo uno podría aceptar los hechos como dice el quinto tramo de la pirámide y adecuar la forma de mirar, hablar, caminar, actuar, pensar, a lo que el otro espera pero eso supondría decir adiós a la propia espontaneidad y aceptar prejuicios ajenos. No parece muy práctico. Además aún suponiendo que se pudiera controlar la forma de mirar, sentir, pensar, caminar o actuar en ese preciso instante y con esa persona en particular ¿no se estaría cediendo al control que el otro pretende ejercer sobre los propios actos?

¿Debería uno asumir que es él quien debe controlarse y resolverlo aceptando las formas de los demás? El problema es que enfrentarle con los hechos y responderle que los demás no son responsables de lo que él siente no ofrece garantías de que lo acepte y puede estar perpetuando el conflicto.

Muchos dirán que una retirada a tiempo es una victoria, por aquello de que los que más exigen a menudo son los que menos tienen que ofrecer, pero huir presupone que uno tendría que estar siempre huyendo, o rompiendo relaciones, y eso puede resultar poco práctico o imposible. Claro que también es verdad que se puede huir sin moverse de la silla y eso nos podría acercar a las premisas de la pirámide. Bastaría con abstraerse durante unos instantes, mientras dejamos que hable, prestando atención a lo que uno siente, manteniendo la calma si uno se percibe alterado, concentrándose en la propia respiración, incluso añadir algo de humor visualizándose bajo la ducha, o en una playa con palmeras, para rebajar los calores de la tensión. En esos segundos de concentración en el propio sentir se puede también encontrar la paciencia que permitirá seguir tratando al otro con amabilidad y cordura, o hacer caso omiso de la situación sin que se note. He visto con frecuencia que esto es suficiente para que la tensión se esfume en un instante, casi por arte de birlibirloque .
¿Alguien tiene más ideas?

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jueves, 1 de mayo de 2008

Marionetas

En ocasiones cuando siento que alguien ha sido desconsiderado conmigo, o no ha tenido en cuenta mis sentimientos o los de otra persona, si creo que fue desagradable o tal vez cruel, le pido, por no exigir, que deje de hacerlo.

Otras veces ocurre al revés y es mi propia torpeza la que incita a otros a pedirme a mi que cambie mi forma de hablar o de actuar, a veces incluso de pensar. En esos momentos me viene a la mente la imagen de arriba. Unas veces soy yo quien pretende mover los hilos y otras mi papel es el de la marioneta, es el otro quien quisiera mover al muñeco para que haga lo que él cree que debe hacer.

Un buen día, no sé si fue ayer o si fue hace siglos, me dí cuenta de que este deseo alteraba mi paz y mi tranquilidad interior porque conseguía ofuscarme o incluso llevarme a la indignación mientras se agolpaban en mi mente mil pensamientos, cada cual más intenso, contra quien yo creía que me había puesto en ese estado, por haberme hecho sentir a disgusto conmigo misma, ya fuera por su torpeza o por la mía. Observé muchas veces como esos pensamientos generalmente se truecan en palabras, explicaciones, justificaciones y a menudo en acusaciones que acababan en tensiones e incluso en agrias discusiones. Me dieron muchos consejos para evitar tales situaciones y al final comprobé que cada cual tiene una respuesta distinta y que hay quien no tiene ninguna.

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lunes, 7 de abril de 2008

Enfadarse en el trabajo es aceptable para los hombres pero no para las mujeres


Vaya, vaya, parece que esto de la igualdad de género va a resultar más complicado de lo que pensábamos. Según un estudo de la Universidad de Yale da lo mismo que te presentes para Presidente de los Estados Unidos o para un trabajo de secretaria, si eres mujer no debes mostrar tu enfado, dice la psícologa que ha realizado no una, sino TRES investigaciones distintas, publicadas en la revista Psychological Science. La gente acepta, e incluso recompensa, a los hombres que se enfadan en el ámbito laboral pero ven mal que una mujer se muestre alterada y la consideran menos competente que al hombre.

Parece ser, según estos estudios, que las mujeres solo tenemos derecho a mostrar nuestro enfado en el ámbito familiar. "Una mujer enfadada pierde nivel, sin importar cual sea su posición, dice Brescoll, que trabajó en la oficina de Clinton mientras preparaba su tesis doctoral. Durante años observó que las mujeres claramente pagan un precio por enfadarse mientras que los hombres salen favorecidos, como se ha visto además en la campaña para las elecciones primarias americanas cuando Hilary Clinton se enfadó, hecho tuvo repercusiones negativas para la candidata a la Casa Blanca.

En los tres estudios se mostraron vídeos de actores que se entendía estaban solicitando un empleo. Se pidió a los participantes del estudio que indicaran el grado de responsabilidad que debía dárseles y la percepción que tenían de su nivel de competencia, si debían ser seleccionados por la empresa y en ese caso cuál debería ser su salario. Tanto hombres como mujeres llegaron a las mismas conclusiones. Los hombres enfadados merecían un puesto superior, un salario mayor y, además, fueron considerados más aptos para el puesto que las mujeres enfadadas.

Sin embargo cuando los actores/solicitantes de empleo mostraron tristeza el sesgo ya no fue tan evidente y las mujeres fueron catalogadas al mismo nivel que los hombres en competencia y en categoría pero, sorprendentemente, no en cuestión de nivel salarial.

Brescoll y su colega compararon entonces a los solicitantes del puesto que se habían enfadado con los que no mostraron emoción alguna y esta vez mostraron a los participantes vídeos en los que hombres y mujeres buscaban trabajos de menor categoría. El resultado fue nuevamente sorprendente. Los hombres enfadados eran más valorados que las mujeres, independientemente del nivel del puesto que solicitaran. Sin embargo estas disparidades desaparecieron cuando tanto ellos como ellas evitaron mostrar lo que sentían aparentado una actitud neutra.

Finalmente en el tercer estudio se observó una actitud menos negativa hacia las mujeres enfadadas si éstas explicaban sus motivos, y sin embargo los participantes del estudio fueron más duros con los hombres enfadados si estros mostraban sentirse dolidos, quizás, dice Brescoll, esta actitud se deba a que los participantes consideran que manifestar dolor es un signo de debilidad.

Da que pensar que en un tiempo de grandes avances culturales, científicos y tecnológicos la actitud de las personas sea tan parecida a la de los humanos más primitivos y de nuevo no puedo evitar pensar en aquello que dijo el antropólogo de Atapuerca Eudald Carbonell: somos primates poco humanizados

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jueves, 3 de abril de 2008

Educación emocional: escenificar el cuento de la tortuga

Después de contar el cuento de la tortuga se inicia un juego de escenificación. Unas veces un niño será la vieja y sabia tortuga y otras la tortuguita pequeña y al día siguiente su papel será el de la tortuga profesora. De ese modo viviran el cuento desde diferentes perspectivas que les permitiran captar los puntos importantes. La primera perspectiva consiste en constatar cómo la tortuguita toma conciencia de sus sentimientos antes de llegar a poner en práctica comportamientos destructivos. La segunda, muy importante, es que aprende a hacerse responsable de sus actos al ver que si no consigue controlarse se sentirá insatisfecha. Esto forma parte del proceso de crecer y madurar. Tambien se utilizan dibujos y posters de diferentes maneras.

"Les enseñamos de formas diversas, dependiendo del contexto, dice Mark Greenberg autor del proyecto, y siempre utilizando el cuerpo, por ejemplo, colocando los brazos en forma de cruz sobre el pecho y respirando hondo. Al mismo tiempo les hacemos ver que es muy relajante y les decimos, con un guiño de buen humor, que además con los brazos en esa posición no se puede pegar a nadie".


"Desde el principio usamos tambien un sistema de recompensa, un sello en forma de tortuga, que les ponemos en la mano cuando vemos que han consiguido calmarse, porque los niños aprenden primero "desde fuera" mediante actos físicos y más tarde interiorizan esos actos en su mente".

"Calmarse suele ser bastante difícil, de alguna manera es un poco como reprimirse y necesita del apoyo de los adultos que pueden compartir ese momento con ellos, creando complicidad y comprensión mientras se aseguran que el niño se siente mejor. La repetición de esta habilidad tan esencial debe repetirse muchas veces hasta que se ha interiorizado".

"Simultáneamente los entrenadores enseñan a los niños a hablarse a sí mismos para controlar sus actos. La idea es sustituir el comportamiento destructivo y la reacción emocional desmesurada por el lenguage porque, asegura Greenberg, "creemos que a menos que los niños aprendan como calmarse a sí mismos cuando estan verdaderamente enfadados nada de lo que podamos enseñarles sobre desarrollo moral o sobre sentimientos cambiará mucho su comportamiento. Es por tanto la parte más crucial, tanto, asegura, que yo mismo, siendo adulto, sigo trabajando en ello".


Esta técnica solo se emplea con los más pequeños, en edades comprendidas entre los 3 y los 7 años, ya que es demasiado inmadura para los más mayores y podrían sentirse rídiculos escenificándola, para ellos tenemos otras técnicas.


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miércoles, 26 de marzo de 2008

La alfabetización emocional: el gran reto del siblo XXI

Comentaba Francisco Ortiz en mi anterior post que nuestra civilización está enferma y que necesitamos buscar otras vías, quizás haciendo tábula rasa. Creo humildemente que ya las hemos encontrado y que hay lugar para el optimismo, aunque sea a largo plazo, porque las cosas de Palacio, ya se sabe, van despacio.

Gracias a Howard Gardner y a su teoría de las inteligencias múltiples, entre las que se encuentra la inteligencia emocional, y a la difusión que le dió Daniel Goleman, está quedando ampliamente demostrado que si en otros tiempos la alfabetización a secas era fundamental, hoy la alfabetización emocional, la lectura y la interpretacion de las emociones propias y ajenas, es más importante que las calificaciones escolares en lengua o matemáticas, si anteponemos reducir los niveles de violencia -y un alto porcentaje de la violencia es aprendida- para que una mayoría de ciudadanos vivan en paz consigo mismos y con los demás. En suma, si queremos PAZ.

Pero esperar que sean siempre los padres quienes eduquen las emociones de los niños es tan poco viable como esperar que lo hagan los docentes que no han sido entrenados para ello. Temo pues que necesitaremos bastante paciencia, ya que para poder enseñar a otros esas habilidades personales y sociales es necesario formar a un gran número de docentes y para formar a los docentes se necesitan otros docentes ya formados, lo que requiere una organización y una inversión considerables, además de tiempo, por parte de los gobiernos y autoridades educativas. Claro que, como demuestran las experiencias pioneras, el beneficio neto sería obtener una formación inicial y continuada para desarrollar conceptos, procedimientos y actitudes que permitieran crear un ambiente escolar positivo y estimulante en el que a través de una cooperación activa, se pudieran desarrollar el sentido de la responsabilidad -individual y colectiva- y una comunicación interpersonal eficaz.

Para realizar todas esas actividades sería necesario además buscar formas diferentes de distribuir el tiempo y de organizar el espacio, seleccionar y utilizar nuevos materiales y, especialmente, de agrupar y coordinar a los alumnos, ya que seguirán existiendo acosados y acosadores por lo que serán especialmente importantes las actitudes y aptitudes adecuadas tanto en el trato con los niños como con sus padres.

Otro aspecto prioritario sería el de las actividades, como las competiciones deportivas, fiestas, debates y reuniones, proyectos y talleres durante los que se pudieran implementar programas específicos para el desarrollo de la cooperación, de la empatía, de la asertividad y de la autoestima y en los que se hiciera hincapié en la necesidad de adquirir valores personales como la autodisciplina y el autocontrol, de emociones como la ira, o de impulsos como la agresividad, junto con habilidades que faciliten la comunicación, la resolución de conflictos y la gestión del estrés, incitando con ello el respeto de las normas de convivencia.



La película ANTWONE FISHER, que éstá basada en una historia real me pareció una maravilla. Muestra como un individuo violento va poco a poco aprendiendo a conocerse y aceptarse. Denzell Washington, que la dirigió, hace tambien el papel del terapeuta que le ayuda a ver su propia bondad, a comprender su dolor y su miedo y a canalizar sus instintos agresivos. Toda una obra de arte, que como dijo Washington, puede cambiar la vida de las personas.




  • GARDNER, H. (2001): La inteligencia reformulada: las inteligencias múltiples en el siglo XXI.
  • FERNÁNDEZ, I. (1999): Prevención de la violencia y resolución de conflictos. El clima escolar como factor de calidad.
  • HARTUP, W. W. (1992): Having Friends, Making Friends, and Keeping Friends: Relationships as Educational Contexts.
  • JOHNSON, D., y JOHNSON, R. (1999): Cómo reducir la violencia en las escuelas.
    PERRENOUD, Philippe (2000): Construir competencias desde la escuela.
  • CASTRO SANTANDER, Alejandro (2004): Cuando prevenir la violencia no basta. Ponencia Congreso Iberoamericano de
    Violencias en las Escuelas. Brasilia 2004. UCB/UNESCO.
  • CASTRO SANTANDER, ALEJANDRO : Desaprender la violencia. Un nuevo desafío educativo.
    CASTRO SANTANDER: Analfabetismo emocional.
  • MONJAS, M. I., y GONZÁLEZ, B. (1998): Las habilidades sociales en el currículo. CIDE, Ministerio de Cultura. España.

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viernes, 21 de marzo de 2008

Todos somos buenos y malos, todo depende de las circunstancias

El lunes pasado Roy Jimenez Oreamuno publicó en su blog un post, con video incluído, sobre el libro de Melanie Klein La Doctrina del Shock, en el que denuncia que el capitalismo aprovecha las situaciones de catástrofe para imponer su doctrina de forma abominable.

El jueves Franziska publicó tambien un post que encoge el alma denunciando que cada quince segundos muere en el mundo una mujer, degollada, apaleada, quemada, arrojada desde un balcón o un puente, atropellada, tiroteada o ahorcada. Y esos son solamente dos de mis blogamigos. En la blogosfera, y en todos los medios, encontramos cientos de denuncias o noticias parecidas que desatan un torrente de emociones que van desde el dolor, la indignación o el asco, a la tristeza.

¿Cuanta intensidad emocional negativa puede uno soportar día tras día procedente de los medios de información antes de ser invadido por la indiferencia? No lo sé, pero según Robert M. Sapolsky, catedrático de Neurología y Biología de la Universidad de Stanford, pensar continuamente en posibles amenazas o desastres sobre los que no tenemos control crea situaciones de emergencia interna, ansiedad o estrés que existen para resolver emergencias reales. "El corazón late como loco -dice- porque el cuerpo se moviliza para crear la energía necesaria y pasar a la acción al tiempo que se detienen todos los procesos no esenciales". Si la solución del problema no depende de uno mismo todo el proceso que se desencadena en el cuerpo es un desgaste inútil. Quizás por eso muchos de nosotros simplemente evitamos seguir pensando en ello.

Yo no puedo evitar que en esos momentos en que me enfrento a la brutalidad humana me vengan a la mente Phil Zimbardo y el EXPERIMENTO STANFORD, los libros de Eudald Carbonell como EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA CONCIENCIA, Antonio Damasio y EL ERROR DE DESCARTES) y otros, que creo que me ayudan a comprender (no justificar, claro está) desde el por qué de las barbaridades de la Inquisición hasta el holocausto, o desde la Doctrina del Shock y las barbaridades de Abu Grahib hasta los malos tratos o el que una mujer impida que su hijo vea a su padre; todas ellas, para mi, "animaladas" de mayor o menor calibre.

Exponerlas todos los días y en todos los medios implica, supongo, enfrentarse a la verdad, pero ¿no se trata solamente de una verdad a medias? ¿No consiste en ver la paja en el ojo ajeno? ¿Que garantías tenemos de no cometer las mismas barbaridades si estuviéramos en las mismas circunstancias? ¿Qué sabemos de esas circunstancias?

Sinceramente creo que la búsqueda de la verdad, sin duda imprescindible para la evolución, pasa antes que nada por conocer la verdad propia porque "ahora que estamos expuestos no sólo a un holocausto, sino a muchos holocaustos en todo el mundo, vemos que TODOS los seres humanos tienen la potencialidad de ser increíblemente virtuosos, individuos generosos y respetuosos con los demás, pero también de convertirse en bestias horribles (Damasio) y porque "necesitamos liberarnos del comportamiento primate más elemental y desarrollar una forma de comportamiento inteligente en el que la cooperación y la distribución de los recursos estén por encima del individualismo" (Carbonell) ya que "aún no somos humanos"sino "primates poco humanizados"(Carbonell).

Sin pasar por esa etapa de auto-conocimiento, auto-aceptación y auto-control, el clamor por la justicia global no creo que pueda ser efectivo porque, puestos en una situación límite, cada uno de nosotros podría ser capaz de "animaladas" abominables, aunque solo fuera por el sentimiento de venganza que todos albergamos, para nuestra propia supervivencia (esto se merece otro post). Un ejemplo reciente: ¿Quien incendió el piso de Barcelona que hemos visto estos días en las noticias? ¿La mujer que iba a ser deshauciada ese mismo día, quizás?

Nadie parece saber hacia donde se dirije la humanidad pero los científicos no se cansan de repetir "que lo importante ahora es desarrollar la razón y olvidarse de las creencias, los mitos y los prejuicios que siguen siendo la esencia del conflicto humano, sea individual, social o político" (Carbonell).

El mundo no está dividido en buenos y malos, ese es el primer prejuicio a olvidar. TODOS somos buenos y malos. Sin ese prejuicio, creencia y mito el experimento Stanford, en el que un grupo de estudiantes maltrataba conscientemente a otro, y por encargo, no habría podido desarrollarse, ni hubiera tenido que ser suspendido para evitar el sufrimiento insoportable de unos (los buenos) y las tropelías inaceptables de otros (los malos) Ver en YouTube (en inglés).

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jueves, 11 de octubre de 2007

¿Psicópatas o carentes de educación emocional?

Hay que tener una inteligencia emocional cero para colgar un vídeo casero de uno mismo en YouTube cantando una canción rapera que indica con pelos y señales como destruirían su pequeña ciudad natal y como matarían a la mayoría de los policías locales. Todo ello en un país, Estados Unidos, que vive cada dos por tres situaciones como la de la matanza de Columbine en 1999. Los dos jóvenes "héroes" han sido identificados y arrestados.

Más cerca de casa hemos visto en los medios estos días a otros tontos emocionales del mismo estilo, pero con peor pronóstico si cabe porque estos se dedican a maltratar a personas en inferioridad de condiciones, enfermos mentales, drogadictos, mendigos o incluso homosexuales, para pasarlo bien.

"Pasarlo bien" es la frase más utilizada en estos casos, pero en realidad ¿lo estan pasando bien o estan dejando de pasarlo mal? Es de suponer que en esos momentos estos individuos se sienten superiores, incluso orgullosos de su hazaña ¿por qué colgarían el video de los hechos si fuera de otro modo?

Si necesitan de ese tipo de actos carentes por completo de empatía ¿como se sienten el resto del tiempo?

¿Estaran bajo los efectos de algun estimulante que les aturda sus sentidos o tal vez estan siendo ellos mismos castigados de tal modo que no hayan llegado a descubrir jamás la existencia de la empatía con la que nacieron?

¿Debería la escuela identificarlos y hacerse cargo de su educación emocional?